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Hay comidas que no soporto, me producen arcadas, me dan asco……

Esta situación no les sucede a todas las personas, ni suele pasar con las mismas comidas. De hecho, ¿te puedes creer que mi pareja disfruta comiendo lombarda, mi hermana se pirra por los sesos de cordero, o mi mejor amigo desprecia el marisco? ¿Qué les pasa...?.

Nada, no les pasa nada. Lo que sucede es que algunos alimentos nos agradan y otros nos producen asco/aversión (“aversión a su sabor”) En estos casos -aversión- no podemos comer dicho alimento, no lo soportamos, sentimos arcadas. A veces sentimos asco con sólo mirarlos o pensar en ellos; hasta nuestro cuerpo se estremece al verlos. Pero...., ¿cómo y por qué sentimos aversión a los alimentos?.

Frecuentemente sentimos aversión hacia los alimentos asociando situaciones de malestar a los alimentos que ingerimos; por ejemplo un dolor de tripa y un plato de acelgas que hemos comido o estamos comiendo. Así, cuando nos ponen acelgas, evocamos el malestar y lo relacionamos con las acelgas… Con ello, estamos realizando un aprendizaje gustativo aversivo, que además suele producirse con una sola ingesta.

La situación se complica si la aversión se generaliza, y entonces dejan de gustarnos comidas con sabores, olores y colores similares… llegando así a una situación sin fin. Este hecho, engorroso y preocupante para muchos padres, parte de un origen práctico -al inicio de nuestro tiempo-, cuando el sabor de los alimentos nos ayudaba a evitar comidas perjudiciales, venenosas o podridas... A pesar del paso del tiempo está intuición permanece estable en nuestros días, aparece cuando un niño confía más en su paladar que en las sugerencias/imposiciones de sus afectuosos padres, que luchan para que acabe las acelgas.

También sucede lo contrario, cuando unimos un tipo de comida con emociones gratificantes (jugar, disfrutar…) Con ello garantizamos que ese alimento sea más deseado y demandado.

Los padres podemos hacer que nuestros hijos coman y disfruten de abundantes alimentos, sin limitarnos a los que en la actualidad se vinculan con lo festivo. Nosotros, los padres, podemos ofrecer en contextos lúdicos alimentos saludables. Así nuestros hijos ampliarán su dieta y disfrutarán de nuevos y sabrosos sabores.

En definitiva hay dos principios básicos: educación y ejemplo. A disfrutar… !!

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