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En la educación de los hijos es necesario que los padres establezcan normas y límites, así aprenden a convivir, a relacionarse y a tener en cuenta al otro. Es educativo decir NO a un niño cuando hace algo inapropiado o cuando utiliza formas irrespetuosas....

Con la comida también es necesario establecer límites y a veces decir NO.  Los padres hemos de proporcionar a nuestros hijos una comida equilibrada y variada. También es nuestra responsabilidad conocer sus gustos y preferencias culinarias. A la vez, nuestro hogar no es un restaurante donde ellos puedan elegir a diario qué comer. Nuestra tarea es encontrar un equilibrio en el que compaginemos los gustos de cada uno con la necesidad de proporcionar una comida compensada y variada. Con nuestro modelo diario y los hábitos que implantamos fomentamos la responsabilidad de comer sano. Nuestros hijos necesitan nuestra autoridad, nuestra protección y nuestra comprensión. También necesitan sentirse respetados y ver que nosotros nos respetemos a nosotros mismos. Si los padres solo tenemos obligaciones y ningún derecho y los hijos solo tienen derechos y ninguna obligación, no nos respetamos a nosotros mismos y hacemos a nuestros hijos déspotas y desconsiderados, irrespetuosos e irresponsables y caemos en la sobreprotección.

Hay que decir NO al niño que solo quiere comer espaguetis con kétchup o patatas fritas. Hay que decir NO a un exceso de golosinas…Hay que decir NO a la tiranía de los hijos. Los niños han de percibir que damos importancia al acto de comer y a lo que comemos, que hay un orden, unos hábitos, unas formas y responsabilidad a la hora de comer, que no vale cualquier cosa. No conviene utilizar la comida como castigo, ni obligar a comer lo que detestan, ni obligar a comer las cantidades de comida establecidas con rigidez, hay que tener en cuenta que cada uno tiene su particularidad. A través de la comida podemos descubrir diferentes circunstancias de nuestros hijos que afectan a su día a día, así podemos descubrir problemas en el colegio o con amigos, diferentes conflictos, celos, acosos, enfermedades… ya que las dificultades con la comida pueden indicar que algo no anda bien.

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También hemos de darnos cuenta que si utilizamos constantemente el NO en la relación con nuestros hijos, es indicativo de que algo está fallando y conviene parar, reflexionar y replantearnos que está sucediendo. Hemos de saber discriminar cuando el problema es nuestro y cuando es de nuestros hijos. Así, podemos incumplir nuestras propias normas o podemos no crear los hábitos adecuados, como por ejemplo no respetar la hora de la comida o exigirles que coman rápido porque a menudo tenemos prisa, o podemos ser desconsiderados con ellos al desinteresarnos por sus gustos o no darnos cuenta de los efectos de nuestro estrés, malhumor o falta de atención.

Y siempre todo con cariño y comprensión.

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