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La mejor leche que se le puede dar a un lactante, al menos hasta los seis meses de vida y si es posible hasta los dos años de edad según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.), es la lactancia materna. Sin embargo, no siempre es posible...

Circunstancias personales de la madre, contraindicaciones u otros motivos pueden llevar a la alimentación del bebé con leches preparadas o modificadas a partir de leches de mamíferos, principalmente, vaca y en menos proporción, cabra y también a partir de hidrolizados proteicos y proteinas de soja. Como quiera que dichas leches difieren en su composición de las necesidades nutricionales del recién nacido y lactante, deberán ser modificadas para conseguir la mayor similitud en cuanto a composición nutricional a la leche humana. Esa modificación viene de la mano de los ingredientes funcionales.

Debido a la enorme importancia que la alimentación tiene para el óptimo desarrollo del bebé, tanto físico como intelectual, en las primeras etapas de la vida, la incorporación de nuevos ingredientes funcionales a las leches infantiles es hoy objeto de numerosos estudios, dando cada vez productos finales más novedosos y semejantes a la leche materna humana que los contiene de forma natural.

Los ingredientes funcionales, por tanto, son componentes que se encuentran en la leche materna y que han demostrado mediante evidencia científica que son beneficiosos para la salud.

Si miramos la etiqueta nutricional de cualquier leche modificada observaremos un listado inmenso de componentes, pues bien, concretamente los ingredientes funcionales abarcan los siguientes compuestos:

PREBIÓTICOS: los más utilizados son los FOS (fructooligosacáridos), GOS (galactooligosacáridos) y la inulina. Ofrecen ventajas a nivel inmunológico al estimular el crecimiento y proliferación de bifidobacterias; digestivo, al regular el tránsito intestinal y nutritivo al mejorar la absorción de minerales como el calcio y el magnesio.

PROBIÓTICOS: son microorganismos vivos que mejoran el equilibrio de la flora intestinal destacando como de los más utilizados los Lactobacillus acidophilus, Lactococcus lactis o Bifidobacterium infantis. Aunque aún se requiere seguir investigando sobre ellos, los principales beneficios que se les atribuyen son: prevención y tratamiento de diarreas agudas infecciosas, modulación del sistema inmunológico, ligera mejoría de la intolerancia a la lactosa así como protección intestinal.

BETA-PALMITATO: su fórmula química en la leche humana influye en la absorción y digestibilidad tanto de los lípidos, como del calcio y el magnesio. 

ACIDOS GRASOS POLIINSATURADOS DE CADENA LARGA (AGPI-CL): son destacables el ácido araquidónico que observaremos con abreviatura AA, es el más largo de la serie omega-6 y el acido decosahexaenoico (DHA) es el más largo de la serie omega-3

Otros... alfa-lactoalbúmina, nucleótidos, L-carnitina que ayuda a liberar compuestos tóxicos, taurina es el aminoácido más abundante en el cerebro humano durante el período fetal y los primeros meses de vida.

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Os animo a que comprobéis los diferentes tipos de composición nutricional en las distintas leches modificadas que oferta el mercado y consultéis la más adecuada para vuestro bebé con su pediatra o nutricionista.

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