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Comer mal puede matar

La evolución ha llegado a todos los espacios de la vida del hombre y naturalmente también al alimentario…

Solo tenemos que ver la variedad de alimentos que ahora consumimos y que antes se desconocían para comprobar esta evolución… Por ejemplo -en mi caso- hay muchos productos, alimentos y recetas hoy cotidianas que hace unos años desconocía. Y me lo comería todo…

Pero, ¿qué utilidad tiene tan extensa variedad de alimentos? ¿Qué función cumple? Es evidente que no satisfacen sólo nuestra necesidad nutritiva, sino que pretenden calmar a nuestro cerebro. Y es que nuestro encéfalo está ávido de nueva comida, y sobre todo de nuevos sabores y colores, de nuevas presentaciones… Sólo tenemos que acercarnos a los restaurantes galardonados con estrellas, tenedores,… para comprobarlo. Como dicen nuestros mayores “comemos con los ojos”, aunque en realidad habría que decir que “comemos con el cerebro”… Esta variedad está bien, está rica.

Pero, -una objeción- ¿y si para satisfacer a nuestro cerebro estamos matando a nuestro cuerpo? Pensemos en la desproporción de nuestras dietas (excesivas en cantidad, calorías, azúcares…), en los esfuerzos que gastamos en quitarnos “esos kilos de más” que sobran… ¿No pensáis -como yo- que algo marcha mal, que hay interferencias entre nuestro cuerpo y nuestro cerebro? ¿Estarán batallando? ¿Quién está ganando?

En la actualidad disponemos de instrumentos que nos indican nuestro peso ideal… y pienso si algún día dispondremos también de instrumentos que puedan medir nuestra mente ideal. Entonces haríamos a la par dietas corporales y mentales, o dietas menta-corporales… Pero aún no, por el momento no disponemos de tanta tecnología. Por ahora sólo podemos educarnos, disponiendo de espacios de formación emocional.

Por el momento tendremos que conformarnos con lo que sabemos que es útil: alimentos naturales, dietas contextualizadas y equilibradas, comidas moderadas, ejercicio físico, vida amable y amigable… y también dietas mentales. Sí, no olvidemos las dietas mentales, porque nos ayudarán a librarnos de pensamientos erróneos, de sentimientos dañinos y de conductas malignas. Además, una buena dieta mental permite que lo consigas… pero no en 15 días. ¿Cómo empezar? Es posible acudir a centros y espacios de intervención personal. Mientras, un primer paso, es dedicarnos más tiempo. Siempre que podamos paremos un momento y tomémonos algo con nosotros mismos.

Juan Antonio Uclés Fernández

Centro ACAE

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